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1996 – 2020

4Las obras que he elegido para esta página web, forman parte de una selección reducida de cada uno de los cinco periodos que abarcan desde principios de los años noventa hasta la actualidad, optando por los trabajos más representativos de cada etapa. Así mismo he decidido omitir obras pertenecientes a los años setenta y ochenta, debido al arduo trabajo que implicaría la recopilación de determinadas obras, al encontrarse éstas en diferentes colecciones privadas; por lo que he preferido aplazarlo para más adelante, dejando claro que tampoco es mi intención mostrar una retrospectiva de mí obra en estos momentos, y sí, exponer la trayectoria experimental que me ha mantenido inquieto en las últimas etapas que se pueden ver en la presente página web.

La única obra que muestro anterior a estos periodos iniciados en los años noventa, corresponde a una escultura-objeto titulada “peana” de 1989, realizada con aluminio, plástico y parafina.

A continuación describiré brevemente las diferentes etapas que destaco en el presente espacio virtual. No sin antes advertir, que el orden cronológico de estas es inverso al orden mostrado  a través de las imágenes:

Pista líquida” (1996-2000) es una etapa relacionada con la necesidad de establecer un diálogo entre la plancha-límite minimalista, atemporal, y la posibilidad de hacer emerger una simbología análoga a ese extrañamiento. Aquí aparecen pequeños fragmentos orgánicos con un ligero relieve y, una geometría equivalente a estos, trazada con el bisturí directamente sobre el metacrilato. Los materiales con los que intervine en ese momento (plástico metacrilato y emulsiones acrílicas metalizadas sobre tabla) están en consonancia con la decisión de enfriar la pantalla; son obras en las que predomina el brillo-reflejo del metacrilato, no como concesión estética fácil, sino como distorsión perturbadora e inestable, por el incómodo reflejo del exterior en la misma, distanciándome intencionadamente del ensimismamiento estático.

Resonancias” (1998-2001) surge de la etapa anterior (pista líquida), emergiendo del mismo proceso; pero desde la elección de eliminar toda clase de aparejo, hasta el punto de despojar la superficie –la base de madera a pintar— preservándola desnuda como algo válido en sí misma,  percibiendo el eco estético del propio material en bruto, manteniendo la voz y descartando progresivamente la textura-relieve encontrándome nuevamente con la pintura plana, desde una tensión reduccionista y silencio minimalista. Esa insistencia en el reduccionismo de estos dos ciclos (“pista líquida” y “resonancias”) no tiene una intención purista, sino al contrario, viene de la necesidad de eliminar aquellos elementos sobrantes que distraen sobre el asunto, provocando una concentrada tensión en la imagen emergente de ese estado límite.

Periferia” (2000-2004) responde al encuentro directo con el entorno exterior, el espacio concomitante y la necesidad por desmantelar la estructura formal: la calzada, lo urbano y la geometría deconstruida aparece en los márgenes del mundo transitable, pero también en las estructuras del propio hábitat. Estas se  me presentan como formas asimétricas, tremendamente abiertas, evocándome los juegos de la infancia perdiéndonos en las obras de edificios a medio construir, interpelando sobre la construcción-deconstrucción de una geometría de extremos abierta a nuevas posibilidades.

Señales del ruido” (2008-2019) es una investigación realizada con la fotografía digital, aludiendo a los  presentadores de los informativos de televisión y espectadores agrupados en las gradas, explorando un escenario oculto e imprevisible de ese entorno cotidiano. Una borrosidad intencionada hace trabajar el inconsciente, interrogando sobre la identidad y convirtiendo la figura antropomorfa en una presencia desconocida, inquietante, debido precisamente a la ambigüedad engendrada por el desenfoque (ruido), creando una situación de  extrañamiento.

No robéis nuestra sombra” (2019-2020) es un proyecto que parte del dibujo digital, convergiendo en la manipulación de objetos e instalaciones, desde la necesidad de establecer un sitio de acción. Un Spielraum o margen de actuación (Erik Erikson utilizó esta palabra para  describir las posibilidades creativas del juego en un entorno humano y cultural), es un territorio de fragmentaciones agrupadas reclamando un espacio, experimentando lo que está más allá de nosotros. La idea de un espacio de maniobras, o habitación de juegos, en busca de nuevas miradas y removiendo en una zona liminal intermedia.

Florencio Alonso

Abril 2020

Pista líquida

1996 – 2000

Resonancias

1996 – 2001

Periferia

2000-2004

Señales del ruido

2008 – 2016

No robéis nuestra sombra

2020

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